APARIENCIA GENERAL
Autor:
Bernard WEBER
(Presidente del Club des Amis du Briard)
El briard debe tener la apariencia de un perro rústico, es decir, robusto,
resistente, compacto y bien construido. Debe ser ágil y, por tanto, bien
musculado, con una buena osamenta, permitiéndole hacer los más
vivos virajes, los más sueltos, sin esfuerzo, y así permanecer
resistente a la fatiga. De proporciones equilibradas y armoniosas, debe mostrar
una fuerza tranquila y segura. Su actitud debe ser calmada pero dando impresión
de autoridad; de movimiento vivo y despierto... es un guardián; debe
ser atento, vigilante, en guardia, la cabeza en movimiento, vigilando todo lo
que le rodea. No debe dar muestras de pasividad indiferente. El briard debe
ser vivo y fogoso cuando hace falta. Como el champagne, debe ser chispeante.
Su carácter debe ser, como indica el estándar, equilibrado. Esto significa que el briard debe tener reacciones sanas con respecto a los acontecimientos que pueden producirse, y que debe ser capaz de volver fácil y rápidamente de una situación inestable, defensiva, a una actitud calmada o pasiva. El tiempo de recuperación es un factor determinante del equilibrio. El briard debe además dar muestras de una gran sociabilidad, los amigos de la familia deben ser sus amigos. Debe ser un perro agradable, pero vigilante y mostrar actitud de defensa solamente cuando sea necesario. Debe asegurar la guardia de forma innata.
No debe mostrar ninguna agresividad cuando él mismo, su dueño o la familia de este último no son amenazadas. Se debe poder acercarse a él amigablemente, sin temor.
En una exposición,
el examen del briard no debe suponer ningún problema; que muestre signos
de desconfianza, al principio, puede concebirse, pero éstos deben desaparecer
cuando el contacto con el juez está establecido, de modo que no se tema
ningún peligro.
Su cola no debe estar jamás doblada bajo el vientre, ni la pupila del
ojo dilatarse cambiando a color azulado. Estos son signos de debilidad de carácter
que es necesario penalizar.
Movimiento
Un perro demasiado grande no puede tener un buen movimiento típicamente
pastoril, que consiste en cubrir un máximo de terreno con un mínimo
de esfuerzo; un movimiento válido debe ser ligero, ágil, regular
y proporcionar un máximo de rendimiento. Debe dar la impresión
de que el perro roza el suelo con un trote corto y uniforme permitiéndole
todo cambio de dirección y viraje en cualquier sentido con un equilibrio
perfecto.
La cola debe permanecer
ligeramente colgante en movimiento, con gancho siempre marcado, ni demasiado
abierto, ni demasiado cerrado. Puede ser llevada ligeramente alta, pero sin
sobrepasar jamás la línea del dorso. Puede subir más allá,
en momentos de peligro o de cólera defensiva.